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Mujeres en el Mundo Laboral. Parte 5

MUJERES EN EL MUNDO LABORAL.

PARTE V. Todos esperan algo de ti.

“En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que Él existe y que recompensa a quienes lo buscan.” Hebreros 11:6

Mi amada institución me ha hecho pasar de un jefe a otro, cada uno con un estilo peculiar y he aprendido a adaptarme cada vez más rápido a formas diferentes de trabajar, reportar, hasta de escribir un estudio.

Cada seis meses recibo retroalimentación de mis superiores, recuerdo muy bien una sesión en especial, en la que me sugirieron crecer mis habilidades de liderazgo y gestión de personal. Me costó trabajo el comentario, me enojé por algunos días, y cuando hubo pasado la euforia vi que había verdad en sus observaciones. Así que sabido aquello, no tuve pretexto para no comenzar un plan de acción para mejorar. Es simple, ahora que ya lo sabía, iba a ser cuestionada la próxima vez y evaluada sobre esa misma debilidad. Y algún resultado o respuesta tendría que dar ¿no lo crees?

Si has pasado tanto tiempo en el mundo laboral como yo, sabes que estamos acostumbrados a dar resultados, porque eso es lo que cuenta, es nuestra carta de presentación, lo que habla por nosotros.

Pero ¿estamos preparados para dar resultados de nuestra vida? Es decir, si Dios te pidiera cuentas de tu vida hasta este momento, ¿aprobarías? ¿recibirías un gran abrazo de felicitación o una cara larga? Y mira, la “buena calificación” no se mide por los sacrificios que hagamos, no se mide por nuestras obras buenas (¿suena confuso?) Yo creo, que los resultados se miden por qué tan alineados están con la encomienda que el Señor te ha dado.

Verás, los seguidores de Cristo sabemos que iremos derechito al cielo, pero esto no significa que no rendiremos cuentas.No significa que lo que hagamos en este mundo no importa.

Para las mujeres que tenemos el doble llamado de la vida familiar y profesional, no habrá excepción. Tendremos que rendir cuentas de ambos.

Así que al menos en mi caso, me parece que debo encontrar la manera de cumplir ambos de la manera en que Dios quede contento. Me detendré aquí. Dije que Dios quede contento. No que tus jefes sean felices, que la empresa donde trabajas aumente sus ventas, no que todos reconozcan que eres una buena madre y esposa y el 10 de mayo te llenen de flores, se trata solo de que Dios quede satisfecho.

Ahora dime ¿cuántas cosas en tu agenda te alejan de tus llamados? Las mujeres tendemos a llenarnos de tareas, de encargos, queremos cubrir cualquier necesidad que se nos ponga en frente. Así que a veces, es fácil perdernos en un mundo de quehaceres.

Me ha caído el veinte, que solo puedo agradar a Dios con mi fe, es decir, mostrándole que confío en Él.

Entonces, todo tiene que ver muy poco con las ocupaciones pequeñas o grandes que tengas como madre o mujer empresaria o trabajadora. Tiene que ver con los pequeños y grandes pasos de fe en Dios. En avanzar en la dirección que te pide, cuando te lo pide, aunque suene alocado o poco popular.

Si Dios te susurra al oído que es tiempo de abandonar ese trabajo que te demanda 14 horas diarias de tu tiempo y deja poco espacio a tu marido, a tu familia, entonces ora, prepárate y hazlo. Dios te llevará de la mano. Pero tú, debes dar el brinco.

O quizá quieres comenzar un proyecto profesional que te inquieta hace tiempo y tienes miedo, pero Dios te ha dicho muchas veces que lo emprendas. Hazlo. Ora, prepárate y hazlo.

Seamos mujeres empoderadas, pero en el amor, guía y poder de Cristo nada más.

Tarea

Revisa tus tareas diarias e identifica cuáles te acercan más a cumplir tus llamados.

Pasa un tiempo orando, pidiendo a Jesús dirección.

Oración 

“Jesús mío, eres el único al que deseo agradar. Solo tú conoces la versión perfecta de los llamados que pusiste en mi corazón. Te pido discernimiento para cumplirlos con pasos de fe diarios. Enséñame cómo se ve una mujer que vive en equilibrio, que vive plena, con propósito. Así quiero ser. Yo sé, mi hermoso Jesús, que en tu amor y poder, soy capaz de cumplir mis llamados sin perderme en el camino. Amén”

Por: Adriana Monroy

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