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Urgente que obedezcas

Soy abogada con una carrera en el ámbito financiero. Amo mi profesión y mi trabajo. Quiero ser abogada siempre. He puesto en mi vida profesional, toda la energía que he podido exprimir de mis huesos, desde que comenzó. Pero las circunstancias cambiaron. Dejé de ser la mujer dispuesta a trabajar 14 horas diarias sin parar. Por más que recibiera aplausos o reconocimiento.

Lo que cambió fue que Dios me dio un esposo, un hogar. Y mi corazón estaba inquieto, incómodo por mis horarios laborales tan extensos, por mi permanente cansancio de los traslados en el tráfico. Quería seguir creciendo, pero no así. No a costa de mi familia. Esa inquietud duró un tiempo. Intenté negociar otras condiciones para quedarme, pero no funcionó. Así que comenzamos a prepararnos para mi renuncia. Poco a poco fuimos ejecutando un plan de acción para que la salida ocurriera de manera sabia e inteligente.

Siempre creí que mi renuncia vendría al tener un bebé. Pero ahora que esa posibilidad no existía, mi salida debía ser por otras razones: por obediencia a Dios.

Sí, Dios llevaba un tiempo inquietándome. Diciéndome que había llegado el momento de dejar ese trabajo y empezar otro, de otra manera. Me lo hizo saber de muchas formas. A veces con impresiones, ideas, otras en mis tiempos de oración. Comenzó susurrándolo, hasta que un viernes 28 de febrero de 2020, no tuvo opción que presentárnoslo como una urgencia: “¡Debes renunciar ya!” Eso fue lo que nos dijo a mi esposo y a mí mientras veíamos la prédica de T.D Jakes “Come before winter”.

El lunes 2 de marzo presenté mi renuncia, causando mucha sorpresa. Fue una decisión por pura obediencia a Dios. Sabíamos que no debía pasar un día más sin dar el paso. Era el momento. Dios nos lo había dicho.

Aun estaría dos semanas más para entregar trabajo pendiente y despedirme de la gente con la que había trabajado los últimos once años.

Si me preguntas, no tenía certeza de a dónde me llevaría Dios con esta decisión, pero mi esposo y yo sabíamos con toda seguridad que era lo que Dios quería que hiciéramos, y solo por eso, era el camino correcto.

La obediencia a Dios es difícil a veces. Puede darnos la impresión de habernos dejado con las manos vacías pero siempre será la respuesta correcta que te llevará a la bendición. Siempre. Quizá Dios te ha inquietado un tiempo sobre algo en tu vida que debes acomodar, una prioridad que has estado ignorando, dejando de lado. Quiero que sepas que esa inquietud debe ser atendida, debes responder lo antes posible porque Él tiene un plan bueno para ti esperando detrás de la obediencia.

“Entren por la puerta estrecha. Porque es ancha la puerta y e s p a c i o s o e l c a m i n o q u e conduce a la destrucción, y muchos entran por ella. Pero estrecha es la puerta y angosto el camino que conduce a la vida, y s o n p o c o s l o s q u e l a encuentran.” Mateo 7: 13-14

Oración

Mi Dios, dame la fuerza para obedecerte pronto. Para dar ese paso que llevas susurrando a mi oído tanto tiempo. Que nada en el mundo me detenga, que pueda superar mi miedo. Enséñame a dar pasos firmes, sabios, y también a tomar el riesgo cuando eres tú quien llama. Amén.

“Le contestó Jesús: -El que me ama obedecerá mi palabra, y mi Padre lo amará, y haremos nuestra morada en él.” Juan 14:23

Por: Adriana Monroy

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