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Mujeres en el Mundo Laboral. Parte 1 (Demo)

MUJERES EN EL MUNDO LABORAL.

PARTE I.

Un doble llamado.

“Sale a comprar lana y lino, y con sus propias manos trabaja con alegría.”  Proverbios 31:13

Trabajo en una de las ciudades más grandes del mundo, la Ciudad de México, si la conoces sabes de lo que hablo. Esta ciudad es una locura, apenas amanece y tengo la sensación que la propia ciudad me grita que me ocupe en algo: ve, corre, haz, atiende, contesta, responde, hazlo todo bien y rápido. Entre semana, hay poco espacio para el ocio, de vez en cuando se asoma una pequeña ventana de tranquilidad que sabe a lo más dulce.

Camino por la avenida principal y observo este brillante anuncio posado en la parte trasera de un puesto de revistas que dice “Usemos más la bicicleta”, mientras una alcaldesa de una minúscula ciudad europea sonríe con la mejor de sus sonrisas. ¿Es una especie de broma? ¿Alguien en verdad pretende que use bicicleta para recorrer 40 kilómetros diarios de ejes viales?, ¿atravesar marchas e inundaciones?

Luego pienso que quizá no es la ciudad, quizá soy yo, que vivo en un frenesí de cumplir una tarea tras otra, como si eso me sumara puntos en algún juego que se lleva a cabo en mi mente. Al final, fui yo quien decidió por la gran urbe.

Después de unos minutos creo que es el plan de Dios, que me tiene aquí por un enorme propósito que aún guarda pendientes. Sí. Verás, hace diez años comencé a trabajar en un gigante de institución, recuerdo el día en que finalmente me anunciaron: había sido elegida para el puesto, después de tres extenuantes meses de exámenes y entrevistas de todo tipo. Me sentía la más orgullosa.

Cuando recuerdo esto me lleno de aprecio por mi amada institución, recorro en mi mente la sensación que tuve al entrar a ese edificio antiguo de mármoles blancos y barandales dorados perfectamente pulidos, la estructura en sí misma me impone hasta hoy.  Y aquellas oficinas forradas de madera, los pisos alfombrados, las mesas rectangulares largas, largas, donde se hacen las reuniones y al sentarse debes ceder la cabecera al de mayor rango en la sala.

Mientras te cuento vuelvo a vivir, a sentir la ilusión que solo viene cuando algo es nuevo, fresco, desconocido. Mi amada institución, mi orgullo profesional más grande, más alentador y prometedor.

Te contaré una parte de mi vida que no te he compartido y de una manera que espero se note diferente, porque ahora fluye más simple, no porque me haya vuelto más descuidada, mucho menos porque me crea mejor escribiendo, sino porque estoy intentando sencillamente, darte la versión más sincera de lo que Dios va poniendo en mi corazón.

Deseo escribir estos mensajes para un grupo muy específico, si crees que no eres de ese grupo, por favor no dejes de leer, me he dado cuenta que sin importar el enfoque que yo dé a mis escritos, Dios siempre los usa de formas que ni imagino. Así que te pido por favor, que no dejes de leer.

En fin, en este momento de mi vida no puedo sentirme más identificada con las mujeres que enfrentamos las batallas diarias del exigente mundo laboral y que al mismo tiempo contendemos por mantener el equilibrio personal y responder a nuestro fuerte llamado a la familia, el matrimonio, los hijos. O con aquellas comprometidas que han puesto en pausa los estudios, sus ansias de crecer en una empresa, el gobierno, porque saben el valor incalculable que tiene su presencia en casa y que hay cosas que solo una madre dedicada puede aportar a la familia.

Cuando hablo de mujeres en el mundo laboral, me refiero a las que además de cumplir los deberes hogareños y de familia, tienen una ocupación fuera de casa, ya sea que recibas o no un ingreso por ello. Quizá das clases, te dedicas a la repostería, vendes joyas, eres empresaria, conferencista, abogada, lideras una sociedad sin fines de lucro, eres una profesionista, artista, filósofa, das consejería gratuita (la lista sigue y sigue). Por favor nota que estoy dejando fuera el ingreso porque la finalidad de esta serie no es hablar de la inquietud de una mujer por generar dinero para su familia o de su necesidad de hacerlo, ese es otro tema, de lo que quiero hablar es de esas mujeres de familia que además de trabajar en casa, sienten un llamado al trabajo fuera de ella y desean encontrar un balance que le agrade a Dios.

Por eso, si eres una de esas mujeres quiero que sepas que me identifico mucho contigo. Llevo catorce años trabajando en el mundo de la abogacía y lo he vivido desde varias etapas, en mi soltería cuando nada importaba más que sobresalir y ganar más, casada, embarazada y cuando el dinero ya no es tan importante como el tiempo con mi esposo, cuando ningún aumento o bono me paga lo que vale una tarde tranquila en casa.

Pero ahora, estoy en una transición importante. ¿recuerdas cómo fue elegir a qué te dedicarías para ganar dinero, tu carrera?, ¿esos momentos que pasabas horas y horas pensando qué hacer? Bueno, creo que este es mi segundo momento vocacional, que me parece aun más relevante.

Porque cuando mi profesión, de la manera en que la he ejercido hasta el día de hoy, colisiona con mis objetivos y valores familiares, observo cómo estos dos bloques de sueños entran en conflicto, se estrellan, y yo no quiero que se estrellen sino que coexistan en equilibrio. Entonces hay que decidir, y eso, tú lo sabes, da miedo, cambiar de rumbo, hacer ajustes da miedo.

¿Te has sentido así? ¿Has sentido que el mundo laboral no está diseñado para mujeres que anhelan con todo su corazón una familia?

Lo que quiero decirte es que Dios tiene retos especiales para las mujeres como tú y yo que sentimos ambos llamados de manera intensa en nuestro corazón, y creo que si Él ha puesto ambos en lo más profundo de tu ser, es porque es posible cumplirlos, aunque quizá no como lo hemos hecho los últimos años, quizá no al mismo ritmo, quizá no en mi amada institución (o en tu apreciado trabajo que llevas años cultivando y cuidando), quizá de formas muy diferentes, y quizá todo a su debido tiempo.

Tarea

Pasa unos minutos meditando acerca de tu anhelo por hacer que tu vida laboral y familiar coexistan.

Oración

Señor háblame, abre mi corazón hacia la guía que hay en tu palabra para las mujeres que tenemos un llamado a la vida laboral y también a la familia. Que ninguna de tus enseñanzas pase desapercibida a mi entendimiento. Amén.

“Dios mío, mira en el fondo de mi corazón, y pon a prueba mis pensamientos. Dime si mi conducta no te agrada, y enséñame a vivir como quieres que yo viva.” Salmos 139:23,24

 

Por: Adriana Monroy

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